Essência

La vida cristiana encuentra su sentido en el propósito eterno de Dios: que la iglesia sea la expresión de Su gloria y sabiduría, edificada en unidad y dependencia del Espíritu Santo. El llamado es a vivir como sacrificio vivo, reflejando la obra consumada de Cristo y anticipando la gloria venidera, donde la iglesia será presentada como la esposa gloriosa del Cordero.

O ponto de partida

La palabra inicia con una oración de gratitud y súplica, pidiendo a Dios que enseñe Sus caminos y una los corazones en el temor de Su nombre. El texto base es Jeremías 23:18, donde se plantea la pregunta sobre quién ha estado en el secreto de Jehová, ha visto y oído Su palabra, y ha estado atento a ella.

Desenvolvimento da Palavra

Ver y oír la palabra: el consejo de Dios y el sacrificio

El Señor pregunta quién ha estado en Su secreto, quién ha visto y oído Su palabra. Ver está relacionado con la persona de Cristo; sólo al oír Su palabra podemos verle. El propósito del consejo de Dios es hacernos ver a Cristo. Pablo, tras exponer el Evangelio en Romanos, llama a presentar los cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, como culto racional. El ministerio es sacrificio, y la vida cristiana implica morir a uno mismo para que Cristo viva en nosotros. El Espíritu Santo viene para establecer el gobierno de Dios en el corazón, sin respeto por lo humano. La iglesia primitiva enfrentó persecución, pero no fue destruida; la verdadera victoria es hacer la voluntad de Dios, vivir o morir en Su propósito.

Pablo, al final de su carrera, se ve como sacrificio ofrecido, derramado para glorificar el sacrificio de Cristo. Así, la vida cristiana es vivir la fe del Hijo de Dios, una fe perfeccionada que no es pensamiento positivo, sino la persona de Cristo revelada y confesada. La fe debe ser confesada, cantada, vivida; el canto es confesión de lo que creemos y glorifica a Dios. La salvación es tan grande que no puede ser medida ni descrita, y la comunión de los hermanos es un bien de dimensiones eternas.

Unidad, edificación y el carácter de la iglesia

La vida de iglesia implica unidad en medio de la diversidad. Los hermanos se edifican mutuamente, formando el carácter de Cristo. Las diferencias entre los miembros, como entre un hermano más carismático y otro más retraído, son parte del proceso de perfeccionamiento. El Señor busca carácter, no sólo carisma. La vida resucitada de la iglesia se manifiesta en el amor y la edificación mutua, incluso en medio de dificultades y sacrificios personales, como el testimonio del pastor que dejó todo para servir y experimentó la provisión de Dios en la necesidad.

La unidad no depende de la perfección, sino de la sinceridad y el amor. Es necesario hablar la verdad en amor, perseverar con los hermanos y no desecharlos por errores. El ejemplo del matrimonio muestra cómo el Señor usa las relaciones para trabajar el carácter, enseñando a ver los propios defectos y no los del otro. Jesús caminó con Pedro y con Judas; a veces preferimos la compañía de quien nos halaga, pero necesitamos a quien nos dice la verdad.

El propósito eterno: la iglesia, la esposa y la gloria de Dios

Dios, en Su consejo eterno, decidió incluirnos para la alabanza de Su gloria. La iglesia es el resultado de un designio eterno, pensado y ejecutado antes de la creación. Así como la luna refleja la gloria del sol, la iglesia está llamada a reflejar la gloria de Dios. El propósito es que la tierra sea reflejo de los cielos, y Dios formó un vaso para Su gloria.

La promesa de vida eterna fue dada antes del principio de los siglos y manifestada por la predicación. En Efesios se revela el misterio escondido: los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, y la iglesia es la expresión de la multiforme sabiduría de Dios. Las riquezas de Su gracia y gloria se manifiestan en la iglesia, que es edificada y perfeccionada para ser la esposa gloriosa de Cristo.

El libro de Hechos muestra cómo Jesús, tras resucitar, habló del reino de Dios durante cuarenta días. El reino fue establecido en el corazón de los discípulos por el Espíritu Santo, quien constituye los ministros y ordena la iglesia según Su voluntad, no por elección humana ni formación teológica. El Espíritu Santo es esencial; sin Él, la iglesia pierde la vida y sólo queda letra. El gobierno de Cristo en la iglesia se reconoce al oír lo que el Espíritu dice, y el secreto de la iglesia es escuchar al Espíritu Santo.

La culminación de la historia es la boda del Cordero, cuando la esposa, la iglesia, estará preparada. El Espíritu y la novia claman por la venida del Señor, y sólo la iglesia es invitada a la recámara. Los ángeles no participan de este privilegio; la iglesia es entronizada con Cristo, coheredera de todas las cosas. La gloria y el honor pertenecen sólo a Dios; los siervos no se glorían en sí mismos, sino que entregan toda recompensa a Cristo.

Nossa resposta ao Senhor

El llamado es a rendirse completamente a Dios, a edificar y amar a los hermanos, a depender del Espíritu Santo y a vivir para la gloria de Dios. Vale la pena perderlo todo por Su gloria, pues somos vasos de misericordia preparados para la eternidad con Cristo.

Para guardar

  • La iglesia es el reflejo de la gloria de Dios y la esposa preparada para Cristo.
  • El Espíritu Santo constituye y gobierna la iglesia según el propósito eterno de Dios.
  • La vida cristiana es sacrificio, unidad y confesión viva de la fe en Cristo.